
Cómo manejar los conflictos y las peleas entre alumnos en la clase de Educación Física
El balón sale disparado, dos alumnos se lo disputan al mismo tiempo y en cuestión de segundos ya se están empujando frente a todo el grupo. Si llevas más de un ciclo escolar frente a grupo, esta escena te suena. La Educación Física tiene contacto, competencia y cuerpos en movimiento constante, así que los conflictos entre alumnos no son la excepción: son parte del terreno que pisamos todos los días.
El problema no es que surjan los conflictos. El problema es no tener un protocolo claro para atenderlos, porque ahí es cuando la sesión se detiene diez minutos, el grupo se dispersa y terminamos resolviendo “a lo que salga”. En más de 26 años frente a grupo he aprendido que el manejo del conflicto se puede planear casi tanto como cualquier otro contenido, y que hacerlo bien es, en sí mismo, una oportunidad de aprendizaje que ningún libro de texto sustituye.
Por qué la clase de Educación Física es terreno fértil para el conflicto
No es casualidad que las peleas se concentren más en nuestra materia que en el salón. Hay tres factores que se juntan:
- Contacto físico constante: un empujón sin intención se puede leer como agresión cuando los ánimos ya están calientes.
- Resultado visible e inmediato: a diferencia de un examen, en el juego se gana o se pierde frente a todos, ahí mismo.
- Reglas que se negocian sobre la marcha: “eso no cuenta”, “yo lo toqué primero”, el arbitraje muchas veces recae en los mismos niños.
Entender esto cambia la forma en que reaccionamos. No es que “este grupo sea conflictivo”: es que la actividad misma genera fricción, y nuestro trabajo es darle salida antes de que escale.
Prevenir desde el diseño de la sesión
La mitad del manejo de conflictos pasa antes de que el problema aparezca, en cómo armamos la actividad:
Equipos armados por ti, no por votación. Cuando dejamos que los propios alumnos elijan equipo, casi siempre se repiten los mismos últimos lugares, y eso ya es un conflicto en potencia antes de que empiece el juego. Arma tú los equipos, con criterios que no se noten (lista alfabética invertida, numeración, colores), y evitas ese primer roce.
Reglas explicadas y, si es necesario, escritas. “El que toca la pelota se sienta” suena claro para ti, pero puede interpretarse distinto según el niño. Dedica 60 segundos a decir la regla en voz alta y preguntar “¿alguien la explica con sus palabras?” antes de arrancar.
Un árbitro visible cuando el juego lo permite. Rotar el papel de árbitro entre los alumnos, con tu supervisión, quita presión al juicio de “quién tiene la razón” y conecta con el eje articulador de pensamiento crítico: aprenden a tomar una decisión y sostenerla frente al grupo.
Qué hacer en el momento exacto del conflicto
Cuando ya estalló, el orden de tus acciones importa más que las palabras que uses. Este es el protocolo que me ha funcionado en la cancha:
- Detén el juego, no solo a los dos alumnos. Si sigues jugando alrededor del conflicto, el resto del grupo se convierte en público y eso alimenta la tensión.
- Sepáralos físicamente antes de preguntar nada. La distancia baja el pulso de los dos antes de que intentes que hablen.
- No busques culpable primero, busca seguridad. “¿Están bien los dos?” antes que “¿quién empezó?”. El reclamo de responsabilidad puede esperar treinta segundos; una lesión no.
- Escucha por turnos, sin interrumpir. Cada uno cuenta su versión completa antes de que el otro responda. La mayoría de los conflictos infantiles se desinflan solo con sentirse escuchados.
- Decide y continúa la sesión. No conviertas la resolución en un juicio de veinte minutos delante de todo el grupo. Toma una decisión razonable, anúnciala y retoma la actividad, la conversación de fondo puede esperar al cierre.
La conversación que sí deja aprendizaje, después del conflicto
Aquí es donde muchos profesores nos quedamos cortos: resolvemos el conflicto en caliente y ya no volvemos sobre él. Pero el momento de más valor pedagógico llega después, cuando los ánimos ya bajaron, en el FINAL de la sesión o incluso al día siguiente.
Con los dos alumnos involucrados, en privado, tres preguntas bastan: ¿qué pasó?, ¿qué sentiste en ese momento?, ¿qué harías diferente la próxima vez? No busques que se disculpen de inmediato, a veces la disculpa forzada solo enseña a decir palabras sin sentirlas. Busca que identifiquen su propia parte en lo que pasó.
Si el conflicto fue representativo de algo que le pasa a todo el grupo (por ejemplo, discusiones constantes sobre “quién gana”), vale la pena abrirlo como tema breve en el FINAL de la sesión, con el grupo completo: no señalando a los involucrados, sino preguntando “¿qué hacemos cuando no estamos de acuerdo con una jugada?”.
Cuando el conflicto se repite con el mismo alumno
Un conflicto aislado se resuelve con el protocolo anterior. Un patrón, el mismo alumno peleando semana tras semana, necesita otra mirada. Antes de etiquetarlo como “conflictivo”, vale la pena observar con qué actividades ocurre más: ¿es siempre en juegos de eliminación?, ¿siempre cuando pierde?, ¿siempre con el mismo compañero?
Esa información es más útil que cualquier sanción. A veces el ajuste no es disciplinario sino de diseño: cambiar juegos de eliminación por juegos de suma de puntos, separar a dos alumnos en equipos distintos de forma permanente, o platicar con el tutor de grupo para entender si hay algo fuera de la cancha que se está desbordando ahí. Y cuando el patrón no cede con estos ajustes, es momento de involucrar a la dirección o al equipo de apoyo, no como fracaso tuyo, sino como parte responsable del manejo.
Para cerrar
El conflicto en la cancha no es una interrupción de la clase de Educación Física: es parte de lo que enseñamos, aunque no aparezca en el PDA de forma explícita. Un grupo que aprende a discutir una jugada sin llegar a los golpes está desarrollando una habilidad que le va a servir mucho más allá del patio escolar.
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Para seguir leyendo:

Luis Enrique Morales Ruiz es profesor de Educación Física con 26 años frente a grupo en escuelas primarias de Oaxaca. Es el autor de ProfeDeEF.com, donde comparte planeaciones, actividades y estrategias alineadas a la Nueva Escuela Mexicana desde la experiencia real de aula, no desde la teoría.


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