La colchoneta es de los materiales que más rápido asociamos con “clase de gimnasia”, pero en la práctica muchos profesores la evitan por miedo a un accidente. La realidad es la contraria: bien usada, la colchoneta es justo lo que hace segura una actividad que de otro modo sería riesgosa. El problema no es el
“Es que me da pena” es de las frases que más escuchamos en la cancha, y de las que peor solemos resolver. Un alumno se sienta en la banca, cruza los brazos y no hay premio, regaño ni “ándale, no pasa nada” que lo mueva. La mayoría de las veces no es flojera, es vergüenza
Diste la instrucción, todo el grupo formó fila… y un alumno ya está corriendo hacia el otro lado de la cancha antes de que termines de hablar. No es que no te esté escuchando por gusto: para un niño con TDAH, esperar quieto mientras explicas es, literalmente, la parte más difícil de tu clase, mucho
Seguro te ha pasado: llega un niño en silla de ruedas o con alguna discapacidad a tu clase de educación física y, para “no dejarlo fuera”, le das un rol de árbitro, de marcador o lo sientas a un lado a ver jugar a los demás. Se siente bien porque no lo excluimos abiertamente. Pero
Cada vez es más común encontrar en el grupo a uno o varios alumnos con sobrepeso u obesidad infantil, y muchas veces no sabemos bien cómo actuar sin que se sientan señalados o excluidos. Aquí no se trata de “bajarles de peso”, esa no es nuestra función ni nuestra especialidad, sino de algo que sí
Qué hacer cuando un alumno no quiere participar es una pregunta que todo profesor enfrenta tarde o temprano. En todos mis años dando clases, no ha habido un solo ciclo escolar sin al menos un alumno que, en algún momento, se niega a participar. A veces es el primer día. A veces aparece a mitad